1,129,000. Ese es el número aproximado de vidas de niños y niñas que se salvaron gracias a la vacunación infantil en EE. UU. durante las últimas tres décadas. Pero la historia completa no se trata solo de lo que ocurrió, también de lo que no. Brotes de sarampión que nunca se propagaron por las aulas de programas preescolares. Respiradores que nunca tuvieron que ser encendidos para tratar a bebés con tos ferina. Sillas de ruedas que jamás se necesitaron para niñas y niños paralizados a causa de la polio. Nada más que la vida, sin interrupciones.
Las vacunas han reescrito la historia de la salud humana de una forma sigilosa, permitiendo que niños y niñas se críen más sanos que cualquier generación anterior. Como consecuencia de que estas victorias de las vacunas son en su mayoría invisibles, no siempre les otorgamos el crédito que se merecen. Aun cuando existen décadas de investigación y resultados en el mundo real, las dudas sobre las vacunas se volvieron más comunes, pero no se debe a que la ciencia haya cambiado. Es a causa de que el contexto social ha cambiado a medida que se ha avivado la ansiedad y se ha desvanecido la memoria colectiva sobre estas terribles enfermedades. Al no haber amenazas visibles, es fácil subestimar lo que estamos arriesgando perder.
Para comprender lo que se está apostando cuando la duda y la desinformación dominan, consideremos las vacunas Triple Viral, contra el VPH y contra la hepatitis B, tres vacunas infantiles que han cambiado de manera radical nuestras vidas.
Triple Viral (contra el sarampión, las paperas y la rubéola): la vacuna que cambió la infancia
Vayamos de regreso a 1962, el año previo a que la vacuna contra el sarampión hiciera su debut. El sarampión —con argumentos para ser considerada como la enfermedad más contagiosa en el planeta Tierra— estaba desenfrenado, como lo había estado durante la historia de la humanidad. Casi todos los niños y niñas lo contraían y, aunque muchos se recuperaban, un alto número de ellos iba a dar a hospitales padeciendo complicaciones como neumonía, inflamación cerebral o alguna peor.
Para algunas personas los efectos no fueron dramáticos en un principio, pero más tarde experimentaron cambios muy drásticos. Las personas notaron que, después de haber padecido una infección de sarampión, les fue más difícil combatir a otras enfermedades, incluso las que ya habían padecido o contra las que habían sido vacunadas. A este fenómeno ahora lo llamamos “amnesia inmunitaria”. En casos inusuales, el sarampión se mantuvo latente en el cuerpo y provocó una enfermedad repentina o la muerte hasta una década después de la infección. Debido a todas estas razones, el desarrollo de una vacuna contra el sarampión fue una prioridad social.
Entonces llegó la vacuna contra el sarampión, convirtiendo a una enfermedad casi inevitable en una prevenible. Para el año 1971, la vacuna Triple Viral ofrecía protección contra dos enfermedades adicionales: paperas y rubéola. La vacuna Triple Viral posee tanta efectividad que dos dosis son capaces de prevenir el 97 % de las infecciones y, para la mayoría de las personas, la protección se extiende a lo largo de toda su vida. Para el año 2000, el sarampión fue declarado como erradicado en EE. UU., un hito importante en lo que respecta a la salud pública.
Pero los titulares recientes cuentan otra historia. En 2025, el país reportó más de 2,100 casos, superando cualquier año desde los años noventa. ¿Qué está detrás de este aumento? En todo el país y en el mundo, menos gente se están vacunando debido a la desconfianza, la desinformación y las barreras de acceso.
Aquí en el condado de King, las tasas de vacunación relativamente sólidas en general han logrado evitar brotes, pero algunas comunidades tienen una cobertura más baja. Cada caso viene acompañado del potencial de generar un brote más amplio. El sarampión está tocando nuestras puertas y está buscando aprovecharse de cualquier vulnerabilidad, pero no hay razón para dejarlo entrar.
La vacuna contra la hepatitis B: protección desde el primer día de vida
La hepatitis B tiene un sobrenombre infame: el asesino silencioso. Y eso se debe a que muchas personas viven con el virus durante años o incluso décadas. Quizás no sepan que están infectadas, pues el virus progresa de manera silenciosa y con potencial para ser propagado a otras personas. En el momento en que los síntomas se presentan, ya podrían tener daños importantes, como cicatrices (cirrosis), enfermedad hepática o cáncer de hígado.
Por fortuna, contamos con una vacuna efectiva contra la hepatitis B. La dosis aplicada al nacer ayuda a detener la transmisión de la enfermedad de los padres y madres a los bebés y ha tenido un profundo impacto. Sin ella, 9 de cada 10 bebés infectados durante su nacimiento desarrollarían hepatitis B crónica. Desde que se estableció la dosis universal aplicada al nacer a principios de la década de 1990, las infecciones por el virus de la hepatitis B en niños y adolescentes de EE. UU. se han reducido en un 99 %. Este es un impactante ejemplo de cómo las decisiones tempranas sobre la vacunación pueden proteger la salud a lo largo de la vida.
No obstante, la hepatitis B no ha desaparecido. Ya que el virus continúa circulando a nivel global, puede reingresar a las comunidades a través de viajes o migración. Esa es la razón por la que la Academia Estadounidense de Pediatría (AAP, por sus siglas en inglés) sigue recomendando aplicar la vacuna contra la hepatitis B a todos los recién nacidos, de manera sistemática. Aplicar la dosis en el momento de nacer ha sido estudiado con rigurosidad durante décadas y ha demostrado ser una protección tanto segura como eficaz contra una infección que tiene la capacidad de durar toda la vida.
La vacuna contra el VPH: prevención comprobada del cáncer
¿Y si dos visitas para aplicarse una vacuna pudieran proteger de seis tipos de cáncer a su hijo(a)? La vacuna contra el VPH hizo esto realidad. El virus del papiloma humano, o VPH, es un virus increíblemente común. Se transmite a través del contacto íntimo de piel con piel e infecta a casi todas las personas en algún momento. La mayoría de las infecciones se alivian por sí solas, pero algunas persisten en silencio y más tarde se convierten en cánceres graves, como el cervicouterino, anal, de pene, vaginal, de vulva y de garganta.
Desde que fue introducida, en el año 2006, la vacuna contra el VPH ha llevado a la reducción en un 80 % de las lesiones precancerosas de cuello uterino en mujeres jóvenes en EE. UU. Un estudio reciente que incluyó a 3.5 millones de personas confirmó que la vacuna reduce de manera importante el riesgo de cánceres relacionados con el VPH en todas las personas, sin importar el sexo al que pertenecen. Con casi dos décadas de vigilancia en las que demostró su seguridad, efectividad y larga duración, la vacuna contra el VPH no solo es prometedora, es transformadora.
Con base científica
Las vacunas Triple Viral, contra la hepatitis B y contra el VPH son poderosos ejemplos de la manera en que las vacunas han rediseñado la experiencia humana. No haciendo uso de titulares dramáticos, sino mediante una prevención estable y confiable. Y estos son solo algunos ejemplos; existen historias similares sobre las vacunas que se recomiendan para cada etapa de la vida. En un mundo en el que la desinformación se propaga más rápido que los virus, comprender tanto el pasado como el presente nos recuerda cuán lejos hemos llegado —y por qué podemos confiar en la ciencia que nos trajo hasta aquí—.
En Estados Unidos, el trayecto desde que se presenta el descubrimiento científico hasta que existe una vacuna ampliamente disponible se ha regido por uno de los sistemas regulatorios más estrictos del mundo. Durante cada fase —desde la investigación inicial y los ensayos clínicos hasta la aprobación por parte de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) y la vacunación sistemática en clínicas, farmacias y consultorios médicos—, las vacunas se estudian y vigilan de forma continua para preservar su seguridad, efectividad y transparencia. Salud Pública de Seattle y el Condado de King tiene el firme compromiso de honrar este proceso, haciendo recomendaciones de vacunas con base en una sólida evidencia científica. Nos dedicamos a trabajar junto a nuestros colaboradores de salud pública para asegurar que los lineamientos sobre vacunas continúen siendo precisos y basados en evidencias. Las prioridades federales pueden cambiar, pero la evidencia que respalda la seguridad y los inmensos beneficios de las vacunas permanece inquebrantable.
Publicado originalmente el 8 de enero de 2026